sábado, 30 de outubro de 2010

Nos cem anos de Miguel Hernandez

El Herido
Para el muro de un hospital de sangre. 




I 



Por los campos luchados se extienden los heridos. 

Y de aquella extensión de cuerpos luchadores 

salta un trigal de chorros calientes, extendidos 

en roncos surtidores. 



La sangre llueve siempre boca arriba, hacia el cielo. 

Y las heridas suenan, igual que caracolas, 

cuando hay en las heridas celeridad de vuelo, 

esencia de las olas. 



La sangre huele a mar, sabe a mar y a bodega. 

La bodega del mar, del vino bravo, estalla 

allí donde el herido palpitante se anega, 

y florece, y se halla. 



Herido estoy, miradme: necesito más vidas. 

La que contengo es poca para el gran cometido 

de sangre que quisiera perder por las heridas. 

Decid quién no fue herido. 



Mi vida es una herida de juventud dichosa. 

¡Ay de quien no esté herido, de quien jamás se siente 

herido por la vida, ni en la vida reposa 

herido alegremente! 



Si hasta a los hospitales se va con alegría, 

se convierten en huertos de heridas entreabiertas, 

de adelfos florecidos ante la cirugía. 

de ensangrentadas puertas. 




II 



Para la libertad sangro, lucho, pervivo. 

Para la libertad, mis ojos y mis manos, 

como un árbol carnal, generoso y cautivo, 

doy a los cirujanos. 



Para la libertad siento más corazones 

que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas, 

y entro en los hospitales, y entro en los algodones 

como en las azucenas. 



Para la libertad me desprendo a balazos 

de los que han revolcado su estatua por el lodo. 

Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos, 

de mi casa, de todo. 



Porque donde unas cuencas vacías amanezcan, 

ella pondrá dos piedras de futura mirada 

y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan 

en la carne talada. 



Retoñarán aladas de savia sin otoño 

reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida. 

Porque soy como el árbol talado, que retoño: 

porque aún tengo la vida.

(Miguel Hernandez)

Sem comentários: